Niño indio, si estás cansado,
tú te acuestas sobre la Tierra,
y lo mismo si estás alegre,
hijo mío, juega con ella...
Se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la Tierra:
se oye el fuego que sube y baja
buscando el cielo, y no sosiega.
Rueda y rueda, se oyen los ríos
en cascadas que no se cuentan.
Se oye mugir los animales;
se oye el hacha comer la selva.
Se oyen sonar telares indios.
Se oyen trillas, se oyen fiestas.
Donde el indio lo está llamando,
el tambor indio le contesta,
y tañe cerca y tañe lejos,
como el que huye y que regresa...
Todo lo toma, todo lo carga
el lomo santo de la Tierra:
lo que camina, lo que duerme,
lo que retoza y lo que pena;
y lleva vivos y muertos
el tambor indio de la Tierra.
Cuando muera, no llores, hijo:
pecho a pecho ponte con ella
y si sujetas los alientos
como que todo o nada fueras,
tú escucharás subir su brazo
que me tenía y que me entrega
a la madre que estaba rota
tú la verás volver entera.
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sábado, 6 de setembro de 2014
sexta-feira, 5 de setembro de 2014
Coplas (Gabriela Mistral - 1889 - 1957)
Todo adquiere en mi boca
un sabor persistente de lágrimas:
el manjar cotidiano, la trova
y hasta la plegaria.
Yo tengo otro oficio,
después del callado de amarte,
que este oficio de lágrimas, duro,
que tú me dejaste.
¡Ojos apretados
de calientes lágrimas!
¡Boca atribulada y convulsa,
en que todo se me hace plegaria!
¡Tengo una vergüenza
de vivir de este modo cobarde!
¡Ni voy en tu busca
Ni consigo tampoco olvidarte!
Un remordimiento me sangra
de mirar un cielo
que no ven tus ojos,
¡de palpar las rosas
que sustenta la cal de tus huesos!
un sabor persistente de lágrimas:
el manjar cotidiano, la trova
y hasta la plegaria.
Yo tengo otro oficio,
después del callado de amarte,
que este oficio de lágrimas, duro,
que tú me dejaste.
¡Ojos apretados
de calientes lágrimas!
¡Boca atribulada y convulsa,
en que todo se me hace plegaria!
¡Tengo una vergüenza
de vivir de este modo cobarde!
¡Ni voy en tu busca
Ni consigo tampoco olvidarte!
Un remordimiento me sangra
de mirar un cielo
que no ven tus ojos,
¡de palpar las rosas
que sustenta la cal de tus huesos!
quinta-feira, 4 de setembro de 2014
Cima (Gabriela Mistral - 1889 - 1957)
La hora de la tarde, la que pone
su sangre en las montañas.
Alguien en esta hora está sufriendo;
una pierde, angustiada,
en este atardecer el solo pecho
contra el cual estrechaba.
Hay algún corazón en donde moja
la tarde aquella cima ensangrentada.
El valle ya está en sombra
y se llena de calma.
Pero mira de lo hondo que se enciende
de rojez la montaña.
Yo me pongo a cantar siempre a esta hora
mi invariable canción atribulada.
¿Será yo la que baño
la cumbre de escarlata?
Llevo a mi corazón la mano, y siento
que mi costado mana.
su sangre en las montañas.
Alguien en esta hora está sufriendo;
una pierde, angustiada,
en este atardecer el solo pecho
contra el cual estrechaba.
Hay algún corazón en donde moja
la tarde aquella cima ensangrentada.
El valle ya está en sombra
y se llena de calma.
Pero mira de lo hondo que se enciende
de rojez la montaña.
Yo me pongo a cantar siempre a esta hora
mi invariable canción atribulada.
¿Será yo la que baño
la cumbre de escarlata?
Llevo a mi corazón la mano, y siento
que mi costado mana.
terça-feira, 8 de abril de 2014
Balada de la estrella (Gabriela Mistral - 1889 - 1957)
- Estrella, estoy triste.
Tú dime si otra
como mi alma viste.
- Hay otra más triste.
- Estoy sola, estrella.
Di a mi alma si existe
otra como ella.
- Sí, dice la estrella.
- Contempla mi llanto.
Dime si otra lleva
de lágrimas manto.
- En otra hay más llanto.
- Di quién es la triste,
di quién es la sola,
si la conociste.
- Soy yo, la que encanto,
soy yo la que tengo
mi luz hecha llanto.
Tú dime si otra
como mi alma viste.
- Hay otra más triste.
- Estoy sola, estrella.
Di a mi alma si existe
otra como ella.
- Sí, dice la estrella.
- Contempla mi llanto.
Dime si otra lleva
de lágrimas manto.
- En otra hay más llanto.
- Di quién es la triste,
di quién es la sola,
si la conociste.
- Soy yo, la que encanto,
soy yo la que tengo
mi luz hecha llanto.
segunda-feira, 7 de abril de 2014
Encantamiento (Gabriela Mistral - 1889 - 1957)
Este niño es un encanto
parecido al fino viento:
si dormido lo amamanto,
que me bebe yo no siento.
Es más traviesso que el río:
y más suave que la loma:
es mejor el hijo mío
que este mundo al que se asoma.
Es más rico, más, mi niño
que la tierra y que los cielos:
en mi pecho tiene armiño
y en mi canto terciopelos...
Y es su cuerpo tan pequeño
como el grano de mi trigo;
menos pesa que su sueño;
no se ve y está conmigo.
parecido al fino viento:
si dormido lo amamanto,
que me bebe yo no siento.
Es más traviesso que el río:
y más suave que la loma:
es mejor el hijo mío
que este mundo al que se asoma.
Es más rico, más, mi niño
que la tierra y que los cielos:
en mi pecho tiene armiño
y en mi canto terciopelos...
Y es su cuerpo tan pequeño
como el grano de mi trigo;
menos pesa que su sueño;
no se ve y está conmigo.
domingo, 6 de abril de 2014
Gotas de hiel (Gabriela Mistral - 1889 - 1957)
No cantes; siempre queda
a tu lengua apegado
un canto: el que debió ser entregado.
No beses: siempre queda,
por maldición extraña,
el beso al que no alcanzan las entrañas.
Reza, reza que es dulce; pero sabe
que no acierta a decir tu lengua avara
el solo Padre Nuestro que salvara.
Y no llames la muerte por clemente,
pues en las carnes de blancura inmensa,
un jirón vivo quedará que siente
la piedra que te ahoga
y el gusano voraz que te destrenza.
a tu lengua apegado
un canto: el que debió ser entregado.
No beses: siempre queda,
por maldición extraña,
el beso al que no alcanzan las entrañas.
Reza, reza que es dulce; pero sabe
que no acierta a decir tu lengua avara
el solo Padre Nuestro que salvara.
Y no llames la muerte por clemente,
pues en las carnes de blancura inmensa,
un jirón vivo quedará que siente
la piedra que te ahoga
y el gusano voraz que te destrenza.
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